El insomnio ha vuelto a sacar al comisario Montalbano de la cama. Al amanecer, con una taza de café en la mano, sale a la terraza para contemplar el mar y asiste a un solitario y lúgubre espectáculo. En la arena, una gaviota enferma, o quizá herida, parece ejecutar los pasos de una extraña coreografía antes de caer fulminada, como si la vida se resistiera a abandonar su cuerpo para siempre. La visión, que tiene la misma naturaleza fúnebre e insidiosa que en casos anteriores, enturbia la mente del comisario como una niebla espesa.
Livia está en Vigàta y Montalbano y ella tienen previsto disfrutar juntos de unas vacaciones. Pero nada saldrá como planeaban, pues Fazio, la inestimable mano derecha de Montalbano, ha desaparecido. No ha vuelto a casa y su teléfono está desconectado.






