El gran laberinto es, en efecto, un libro para jóvenes y un libro de aventuras. En el estadio local se desarrolla un partido de futbol nada ortodoxo. Decenas de jugadores que corren a cuatro patas persiguen simultáneamente decenas de balones. Cada vez que un aficionado festeja un gol con un grito, alguna fuerza extraña lo proyecta hacia la cancha, donde desaparece todo su cuerpo salvo su cabeza, que se convierte en un nuevo balón. Lo peor de este espectáculo medio gore es quizá su efecto en el público: de modo inexplicable, nadie se decide a abandonar las tribunas. Nadie, para ser precisos, salvo cuatro niños con cabezas bien amuebladas que no sucumben a la magia lobotomizante de este Coliseo actualizado y se dan a la tarea de rescatar a sus padres, tan cautivados por el espectáculo como el resto de la población. Para ello tendrán que superar una serie de pruebas, hasta ocho, en las cuales toparán con una variada galería de personajes, reales o literarios, de esos que, con alguna excepción, conforman el mapa emocional del lector puro, duro y prematuro: el Golem, el monstruo de Frankenstein, el Quijote, Shanti Andía, Oscar Wilde, Otelo, Shylock y Leonardo o, entre los menos habituales pero también entre los más significativos, Jan Patocka, aquel checo discípulo de Husserl que luchó contra la dictadura comunista hasta que la policía lo torturó a muerte en alguna celda.
Y es que en este libro el Savater de siempre es reconocible en sus homenajes y aficiones literarias, pero también, no menos evidentemente, en su vocación libertaria y pedagógica. Aunque en general sortea la obviedad concientizadora —algún desbarrancamiento se descubre por ahí, cosa seguramente inevitable cuando se escribe para menores—, El gran laberinto abunda en reflexiones y parábolas sobre los totalitarismos, sobre la manipulación de las masas —la hipnosis colectiva del estadio es un ejemplo más que claro— o sobre la oligofrenia y la vileza inherentes a todo nacionalismo. Estamos ante el exitoso Savater de Ética para Amador y Política para Amador, ante la figura cabalmente liberal que supo convertir una suerte de carta a su hijo en una vasta y compleja pero nítida lección de pensamiento democrático y decencia cívica. En otras palabras, ante el conocido lector de Cervantes que Savater también es, y que en estas páginas apela al Quijote, primerísima encarnación del espíritu libertario español, para transmitir el mensaje central del libro —nada hay de peyorativo en el término— con una cita que no resultará sorprendente a los lectores referidos. Ya se sabe: “Pues la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…”
El Gran Laberinto – Fernando Savater – Editorial Ariel
$600.00
Libro Usado
Disponibilidad: 1 disponibles
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